Cuando el otoño enciende los bosques de los Balcanes, Bulgaria revela su lado más íntimo. En Sofía, las cúpulas doradas de Alexander Nevsky brillan sobre ruinas romanas y ecos orientales. Caminaremos junto al río Iskar, entre desfiladeros y monasterios escondidos, hasta alcanzar la silueta medieval de Veliko Tarnovo, suspendida sobre el Yantra.
Las aldeas de Triavna y Bozhentsi huelen a madera tallada y pan recién hecho; el paso de Shipka guarda memoria de antiguas batallas; y el Valle de los Reyes Tracios, con el Túmulo de Kazanlak (UNESCO), nos habla de civilizaciones olvidadas. En Plovdiv, arte y terrazas al atardecer; en Báchkovo, silencio y peregrinaje. Y, entre montañas profundas, el Monasterio de Rila (UNESCO) aparece como un refugio eterno. Una travesía de senderos, historia y emoción serena.
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