Dicen que en Japón el tiempo no avanza: se superpone. Y lo entendimos la primera noche en Tokio, bajo un cielo atravesado por neones, mientras a pocos pasos un santuario guardaba siglos de silencio.
Viajamos en tren bala hacia montañas cubiertas de bruma, caminamos la antigua Ruta Nakasendo entre Magome y Tsumago como mercaderes del periodo Edo, y sentimos que cada tablón de madera crujía con historias intactas. En Kioto, los torii de Fushimi Inari dibujaron un sendero rojo hacia lo invisible; en Miyajima, el mar abrazó el santuario flotante mientras ascendíamos al Monte Misen.
Guardamos silencio en Hiroshima, dormimos sobre tatami y despertamos en el Monte Koya con el murmullo de los sutras. Veinte días después comprendimos que Japón no se visita: se escucha. Y cuando por fin regresas, una parte de ti sigue caminando allí.
| FECHAS |
|
| PRECIO |
|
| INCLUIDO |
|
| NO INCLUIDO |
|
| MÁS INFO |