MUSANDAM, CAPRICHOS DE LA GEOGRAFIA

MUSANDAM, CAPRICHOS DE LA GEOGRAFIA

Los 49,5 grados que se alcanzaron ayer en el Este de Omán no nos asustaron para emprender el viaje por carretera desde Dubái hasta la Península de Musandam. Tampoco es que viniéramos del “frío”.

Podríamos decir que la península de Musandam es un capricho de la geografía y también de la geopolítica. Estratégicamente situada en el Estrecho de Ormuz, la península es territorio de Omán aislado y rodeado por tierra por las fronteras de los Emiratos Árabes. Por ese Estrecho históricamente milenario han pasado todas las culturas y desde hace décadas los barcos repletos con la mayor parte del petróleo del mundo. La Península es un territorio dulcemente áspero y abrupto, en donde viven poco más de treinta mil personas que hablan mayormente el Kumzari, una lengua con origen persa. Salvo en la pequeña capital Khasab, el resto vive en pequeños villorrios aislados. Si cogiéramos un trozo de cartón y los arrugáramos con fuerza formando mil pliegues, podríamos hacer una maqueta de Musandam. Montañas desérticas que alcanzan más de dos mil metros se precipitan al vacío a través de recortados cañones y “fiordos” formando un paisaje único. Si vienes de Dubái, de sus junglas de hormigón, acero y asfalto el paisaje de Musandam te genera beatitud. Nosotros fuimos invitados a recorrer este paisaje de laberintos a bordo de un viejo “Dhow”, un barco tradicional hoy reconvertido en barco de pasajeros. Nos bañamos junto a peces de colores y delfines y nadamos junto a “Telegraph Island”, la pequeña “isla del telégrafo” que aún conserva las ruinas de una estación repetidora del cable que unía en el siglo XIX Londres con Karachi, en los tiempos del “Gran Juego”.
Otro día pudimos recorrer el interior del territorio a bordo de un 4x4 y a través de pistas de vértigo descubrimos un paisaje “lunar”. Munzur, nuestro amable chófer, es hindú, del sur, de la frondosa Kerala. Pasa aquí nueve meses al año y en los próximos días marchará a India. –Estoy deseando volver, señor Faustino, y sumergirme bajo el Monzón. Al igual que Munzur muchos pakistanís y asiáticos en general trabajan en Musandam. Por la tarde, acomodados en cuclillas, un grupo de trabajadores de Bangla Desh charlaban junto a la gran mezquita de Khasab, intentando buscar un halo de frescor después de un día tórrido. El sol, un día más se marchaba, para darnos un rato de tregua, mientras el cielo resumía colores suaves.
Texto y fotos © Faustino Rodríguez Quintanilla
Musandam, Omán, Julio 2018.
Jerez, Agosto 2018.

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